Cómo quitarte las muletillas al hablar en público
2026-09-15
De dónde salen las muletillas
El "eh" no es una mala costumbre que apareció de la nada. Es lo que dice alguien mientras decide qué va a decir después, y existe porque el silencio, desde adentro, se siente como estar perdiendo a la sala. Así que la boca sigue haciendo ruido mientras la cabeza se pone al día.
Ahí está la pista de dónde se arregla. La muletilla es el síntoma de estar armando las frases sobre la marcha. Si armas menos sobre la marcha, bajan solas, sin que tengas que vigilar palabritas en medio de una frase. Esa vigilancia produce sobre todo gente que suena acartonada, y eso es peor que un "eh".
Por qué contarlas no funciona
El consejo de siempre es grabarte y contarlas. Contar sirve, pero una vez: te muestra el tamaño real del problema y cuáles son tus muletillas, y en las dos cosas la gente se equivoca. El que jura que dice "eh" todo el tiempo resulta que abre cada frase con "o sea", o cierra cada afirmación con "¿no?".
Después de esa primera vez, deja de servir. Vigilar una palabra mientras hablas te parte la atención al medio, y la mitad que vigila se la sacas a la mitad que habla. El resultado es una charla más lenta y más plana, con la misma cantidad de muletillas.
Aprende las transiciones, no las frases
Las muletillas se amontonan en las costuras: el final de un punto y el comienzo del siguiente. Ahí es donde estás armando, porque adentro de un punto una frase te trae la siguiente, mientras que el salto de un punto a otro hay que elegirlo.
Así que ensaya las costuras específicamente. La frase que abre cada sección tienes que tenerla tan sabida que no necesites ensamblarla. El medio de la sección improvísalo tranquilo: ese material lo dominas y sale fluido. Y las transiciones, que eran justo donde salías a buscar, ya vienen decididas de antes.
Hazte amigo de la pausa
La otra mitad del asunto es aguantar el silencio. Una pausa de un segundo se siente como cinco desde el escenario y se lee como intención desde la butaca. El público escucha una pausa como énfasis; no la escucha como alguien que se trabó, salvo que tu cara esté diciendo exactamente eso.
En concreto: cuando sientas que viene un "eh", cierra la boca y deja que pase el hueco. Las primeras charlas se va a sentir mal. Y deja de sentirse mal la primera vez que escuchas una grabación y compruebas lo cortas que son esas pausas en realidad.
Bajar el ritmo general ayuda por el mismo motivo: te compra tiempo de pensar adentro de la frase, así queda menos para resolver en las costuras.
Qué no vale la pena
Escribir la charla palabra por palabra. Te saca las muletillas y te deja un recitado, y en el momento en que pierdes el hilo abajo no hay nada.
Cambiar una muletilla por otra "más presentable". "O sea", "digamos", "básicamente", "en realidad" y un "y" bien estirado hacen exactamente el mismo trabajo que el "eh"; cambiar una por otra no toca lo que hay debajo.
Ir por el cero. El español hablado tiene muletillas, y una exposición perfectamente limpia suena a locutor y no a persona conversando. La meta es que no se noten, no que no existan.
Fíjate qué notó la gente de verdad
Con las muletillas uno se obsesiona justamente porque son el defecto que se escucha en la propia grabación. Casi nunca son lo que te hizo perder la sala. Si preguntas, en general aparece otra cosa: tu forma de hablar estuvo bien y los perdiste en la tercera sección, donde el material dejó de encajar.
Pregúntalo directamente en vez de adivinarlo. Dos líneas en la diapositiva final —"¿dónde dejaste de seguirme?" y "¿qué sacarías?"—, recogidas de forma anónima con rifts.to, te van a decir más sobre qué arreglar que otra vuelta contando "eh".